Extremadura, un paraíso natural. Jesús Garzón, presidente del Consejo de la Mesa de Extremadura.

Extremadura posee una gran variedad de escenarios, tanto monumentales como paisajísticos. Esta región puede presumir de tener un patrimonio romano de primera. Desde el teatro y el templo de Diana en Mérida hasta la muralla de Coria, pero además puede jactarse de conservar espacios naturales únicos que llegan a ser un verdadero paraíso para los aficionados al medioambiente.

Recorrer a pie sus cañaverales, como durante siglos ocurrió con los pastores, es una experiencia única y más si se acompaña de su fascinante gastronomía. Para Jesús Garzón, presidente del Consejo de la Mesta de Extremadura estos caminos ganaderos son un viaje directo al pasado, a miles de años de historia y a la vez una oportunidad de ser testigos de una tradición como lo es el desplazamiento del ganado trashumante.

“Si se hace una ruta desde Cáceres, donde se elabora la Torta del Casar, hasta La Serena, por ejemplo, se atraviesan ciudades, la Cañada Real extremeña, se pasa por pueblos como Montánchez y por la Sierra de las Villuercas”, destaca Garzón de los diferentes escenarios que ofrece caminar por las distintas vías pecuarias, que en sus palabras no son sólo un legado turístico sino también gastronómico.

La red de vías pecuarias española tiene 125.000 kilómetros de longitud y ocupa 400.000 hectáreas en el territorio nacional y sirve de corredor verde para la conservación de la biodiversidad. Según explica Garzón la ganadería trashumante favorece las funciones ecológicas porque evita la erosión de la tierra, conserva el paisaje y además es fuente natural de abono ya que “el ganado produce toneladas de estiércol que promueven la generación de tierra virgen”.

La red de vías pecuarias fue creada por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, pero la trashumancia ya se practicaba en siglos anteriores. “El rey lo que hizo fue legislar el territorio”, cuenta Garzón. Con el paso de los años estos caminos habían quedado en abandono, pues muchos preferían movilizar a su ganado en vehículos, aunque desde hace unos 25 años se han ido recuperando poco a poco. En la lucha por rescatar la tradición y además favorecer a la biodiversidad, el Concejo de la Mesta ha recuperado la trashumancia de unas 200.000 ovejas, cabras, vacas y caballos, “recorriendo más de 50.000 kilómetros de cañadas, cordeles y veredas”, asegura Garzón.

Durante el siglo XX, y específicamente durante la primavera y el otoño estas vías acogieron a cerca de cinco millones de cabezas de ganado. “Estos rebaños que se movían de norte a sur son las que han generado nuestra enorme riqueza en biodiversidad”, enfatiza Garzón. Aunque ya no caminan por esas vías los millones de animales que solían hacerlo hace unas décadas, las 20.000 que aún lo hacen ayudan a seguir conservando los ecosistemas.

Los paisajes que ofrece la mesta extremeña consiguen que los amantes del senderismo se adentren en sus caminos para descubrirlos. Una vez más aquí se une la naturaleza y la gastronomía. La trashumancia es parte de la identidad cultural que ha influido en la artesanía y en la dieta de Extremadura, que tiene entre sus platos más habituales sopas de pan, quesos, embutidos y migas. Las gachas y las gachasmigas [una especie de gacha, elaborada con una masa de harina, agua, ajo, aceite de oliva y sal] también son platos que se crearon gracias a la mezcla de culturas que propició durante siglos el camino pastoril.